No hay posibilidad para el feminismo si no contamos con todas, si no lo construimos desde todas las partes (y con esto decimos territorio, decimos mirada, decimos clase, decimos edad, decimos cultura, decimos piel, decimos identidad). Y no hay posibilidad para un país con justicia social sin el feminismo.

Lo dice la RAE y, sin que sirva de precedente, no vamos a contradecirla: el feminismo es el «principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre». La gran Angela Davis añade: «el feminismo es la idea radical que sostiene que las mujeres somos personas», y completa el asunto de este modo: «raza, género y clase son elementos entrelazados», así que, por supuesto, somos interseccionales. Entendemos, pues, el feminismo desde la diversidad, la inclusión, la sororidad, el ecologismo, la transversalidad, la lucha contra las violencias machistas y el patriarcado (ese concepto que planea desde hace siglos sobre la sociedad)… La igualdad real pasa por destruir brechas, techos de cristal, prejuicios, normas establecidas que amordazan e invisibilizan tanto a las mujeres como a la comunidad LGTBI. El feminismo no es una moda, y por eso a nosotras se nos queda pequeña la «etiqueta». La Revolución ya es Feminista. (Podemos)